Antropología y Ciudades, ¿una contradicción?

Antropología y Ciudades, ¿una contradicción?

Los antropólogos no estudian aldeas, estudian en aldeas (Geertz, 1973). Esta afirmación ha sido una constante discutida en el campo de la Antropología Urbana: “¿qué diferencia existe entre la Antropología de la Ciudad y la Antropología en la Ciudad?” (Guerreros Burgoa, 2005). A esta pregunta intentaremos responder en las siguientes líneas al analizar de qué se ocupa la Antropología Urbana.

Introduciendo conceptos: ¿qué es la Antropología?

Las ciudades y su devenir social no fueron el foco de atención de la Antropología Social primigenia. Como tampoco los estudios urbanos interdisciplinarios han llamado a filas a la Antropología.

La Antropología (término de origen griego formado por las palabras “hombre” y “tratado”), es un conjunto de saberes y modos de aprender las culturas del ser humano. Investiga etnográficamente el movimiento social desde una perspectiva minuciosa donde no sirve una reflexión generalizadora. Para la Antropología la organización de la casa no tiene una escueta explicación arquitectónica sobre materiales, longitudes, eficiencia energética.

Interrogantes solapados se preguntan por el color de las paredes de los cuartos de los niños, por el lugar que ocupa la madre en la mesa; se preguntan por la puerta que da paso, desde la cocina de la joven pareja, a la casa de los abuelos. La Arquitectura no es escueta. Como el campo de estudio de la Antropología no es inabordable ¿O sí? Una frente y dos manos reflexionando, obstinadamente, nos llevarían, quizás indudablemente, a la dificultad de ver la Ciudad como uno de estos campos de estudio de la Antropología.

Captura de pantalla 2016-04-24 a la(s) 19.46.36El antropólogo Malinowski y los nativos en las Islas Trobriand. Fuente: Wikipedia

El antropólogo Bronislaw Malinowski (1884-1942) cogió su libreta y a corta distancia de la residencia de los nativos y también suya entonces, se sentó. Se inventaba un nuevo modelo etnográfico, hijo y a la vez padre de la Antropología. Malinowski estaba en las Islas Trobriand. Una pequeña aldea. “Estudiar al ser humano en pequeños grupos”, se cumplía así la premisa diferenciadora de la Antropología versus a la Sociología. Entonces, si la Antropología estudia al ser humano con ojos precisos y cercanos, ¿cómo puede, si es que puede, abordar el análisis de las Ciudades?

Smart y Smart (2003) encuentran una explicación acertadísima al porqué de la escasa aportación antropológica a los estudios urbanos: “la incompletitud etnográfica”, o lo que es lo mismo, la insaciable percepción antropológica de que toda mirada global-holística de una “producción social”, sea una aldea o una ciudad, no es más que una aproximación parcial. El análisis antropológico, de ser puro, es una obsesiva búsqueda de explicaciones sociales.

El portugués J.P. Oliveria Martins (1924), escribiendo todavía desde una dialéctica prejuiciosa de sociedades letradas frente a sociedades primitivas acertaba al destruir, en una breve introducción, la incapacidad de la humanidad por escribir una historia unívoca: “certa nas suas linhas geraes, embora hypothetica nos seus episodios” (la historia humana es correcta en general, pero sólo hipotética en sus etapas). Lo mismo ocurre con la Antropología. Teme no conseguir meter en su mano la Ciudad en su totalidad. Obviamente no la agarraría ni aunque las Ciudades se congelasen para ser dibujadas por un pintor urbano. Como tampoco lo consigue la Arquitectura, la Ingeniería o la Geografía. Las Ciudades son entidades constantemente cambiantes. Porque no son espacios a priori, sino haciéndose y rehaciéndose a toda hora. La Ciudad como un todo es un espacio sumamente dinámico.

Captura de pantalla 2016-04-24 a la(s) 19.43.08Mar del Plata (Argentina). Fuente: Wikipedia

Antropología Urbana

La Antropología ha estudiado las Ciudades, o fragmentos de ellas, desde los años 50, aunque no será hasta la década de los 70 en que se configure como área específica, la de la Antropología Urbana. Podemos recordar la labor de estudios urbanos en África Central coordinada desde la Escuela de Manchester bajo el liderazgo de Max Gluckman, o clásicos como la etnografía de Oscar Lewis sobre los migrantes campesinos a Ciudad de México (1986).

Este tipo de investigaciones, en contextos coloniales las primeras, ligadas a migraciones rurales la segunda muestran la evolución temática, de entornos y metodologías de la Antropología como disciplina. Se ha ido adaptando a los cambios culturales y socio-espaciales humanos.

La especificidad del saber Antropológico

Pero, ¿qué puede aportar la Antropología a los estudios urbanos contemporáneos? ¿Tiene una especificidad propia, un modo de hacer distinto al resto de estudiosos de las ciudades? Describamos algunos rasgos de la Antropología para responder a esta cuestión.

  • Simbolismo. Malinowski decía que comprender toda organización social requería de un análisis del simbolismo y el lenguaje, pues las reglas y tradiciones tribales eran “expresiones de palabras, es decir, símbolos” (Bohannan y Glazer, 2007).

La Ciudad es una construcción social organizada aunque sea caóticamente, donde los símbolos imperan a todas luces: barrios ricos en la parte alta de la ciudad, personas sin hogar que duermen en la Avenida Liberdade de Lisboa, una de las calles más opulentas de la ciudad; protestas sociales conducidas por manifestaciones que desembocan en la plaza central de la ciudad, como el caso de la Tahrir en El Cairo. La Antropología Urbana describirá estos hechos sociales no sólo en su dimensión geográfica y estructural, sino por la significación humana que representan. Recordemos el seísmo que en 1985 devastó el centro histórico de la Ciudad de México.

En un reciente documental histórico sobre su reconstrucción, 30 años después de que ocurriera, uno de los académicos entrevistados hacía hincapié en la centralidad del Zócalo de este lugar histórico pues es “el centro, del centro, del centro”, es decir, la parte central –orgánicamente, el corazón de la ciudad- del centro histórico de la capital –centro político- del país, además de haberse erigido en tiempos de la colonia sobre el que fuera el centro político-religioso de los nativos. De ahí la importancia de hacer una Antropología de las Ciudades: para entender estos conceptos, tales como el de centralidad o de marginación dentro de los centros, como sea el caso lisboeta, no sólo en su aspecto físico y material, sino también, y primariamente, humano.

Captura de pantalla 2016-04-24 a la(s) 19.43.38El Zócalo. Ciudad de México. Fuente: Wikimedia Commons

  • Perspectiva Holística. No sirve hacer trabajo de campo desde, por ejemplo, la Antropología de la Comida encerrados en las cafeterías al estilo europeo de Hong Kong sin entender el paso colonial por la ciudad o el deseo de diferenciación contemporáneo hacia la población china.

Captura de pantalla 2016-04-24 a la(s) 19.43.54“No fumar”. Avenida de las Estrellas en Tsim Sha Tshui (Hong Kong). Foto de la autora

Es precisamente esta ambición de enlazar historia, cultura presente, condicionantes geográficos, influencias sociales lo que describe el quehacer antropológico; que en la avenida de las Estrellas, en Hong Kong, haya innumerables carteles prohibitivos o que los hongkoneses coman comida asiática con tenedor tiene distintas explicaciones -de historia de dominio colonial, de ciudad cosmopolita, de puerto marítimo relevante a lo largo del tiempo, de oposición con la china continental- pero precisa de un ojo analíticamente holístico, donde la cultura y la vida urbana sean máximas, pues la Ciudad moldea los procesos humanos, así como los seres humanos hacen la Ciudad.

El sociólogo manchego Castells, en su crítica a la Escuela de sociología de Chicago, consideraba un error pensar los fenómenos humanos que ocurrían en las ciudades como consecuencias de condicionamientos espaciales, es lo que se denominó “mito de la cultura urbana” (1977). Él consideraba, sin embargo, que el espacio es un producto de las relaciones sociales. Holísticamente, ambas perspectivas entrelazadas dan la riqueza al quehacer antropológico urbano.

Captura de pantalla 2016-04-24 a la(s) 19.44.15“No se permiten perros”. “Prohibido ir en bici”. Avenida de las Estrellas en Tsim Sha Tshui (Hong Kong). Foto de la autora

  • Lo Antiguo y lo Nuevo. Cuando se habla de Antropología el desconocedor de tal término suele visualizar huesos, arqueólogos, tribus e indígenas. Y no se equivoca su proceso mental por asociación. Pero la Antropología no murió mientras vivía con el antropólogo Boas a finales del siglo XIX entre los balleneros del Ártico, sino que maduró investigando de qué modo el contacto colonial con europeos estaba afectando a las poblaciones originarias (por ejemplo con los métodos propuestos por Mónica Hunter entre los bantúes de Sudáfrica, 1930) y madura –todavía- al estudiar por qué la diabetes y el colesterol son pandemias en los barrios de población negra e inmigrante de Estados Unidos.

La Antropología, en su intento por explicar el ser humano, estudia lo viejo y lo nuevo. Es más, necesita la confluencia intrincada de ambos elementos en su cuaderno de notas. Las ciudades no nacen de repente. Aunque sí crecen rápidamente de modo abrumador. No son realidades espaciotemporales independientes, sino fruto dinámico de una época socioeconómica: Globalización Capitalista. Estudiar la Ciudad como un ser autónomo, sin genética de lugar, de época, de gentes es una empresa nada sencilla, o quizás imposible. Es la Ciudad, ya sea metrópolis o megaciudad, el paradigma simbólico de la Globalización: personas de distintos países y culturas moradores del mismo barrio, edificios gigantes en una aldea de pescadores, aeropuertos que unen Madrid-Lima en lo que dura una jornada de trabajo, personas con la misma camiseta en Tokio y en Granada…

Captura de pantalla 2016-04-24 a la(s) 19.44.35Un pequeño pueblo de pesqueros con grandes edificios. Tung Chung (Isla de Lantau, en Hong Kong). Foto de la autora

El estudio de las urbes precisa de recordar la vieja Teotihuacán, no sólo por su fabulosa estructura arquitectónica o simbólica, sino por su propia existencia. Las ciudades, como sujetos, sus calles, el color de sus símbolos locales y nacionales, la localización de los locales de comida y aquello que sirven, el medio de transporte en que se mueven sus habitantes, sus monumentos y los que significan para sus habitantes son como la ropa que nos sirve para entender la Ciudad. En el reciente terremoto en Ecuador, además del sentido daño personal y material sufrido, hubo quien escribió sobre la devastación del patrimonio histórico en la provincia de Manabí y cómo había afectado emocionalmente a sus vecinos la caída de iglesias, las cuales no eran simplemente un edificio material, sino que tenían una simbología religiosa, pero también de pertenencia, de familia. El presente está fuertemente afectado por el pasado.

La Ciudad son personas que la hacen, deshacen y rehacen. Es geografía y política. Pero también economía, educación. Precisa de un trabajo de campo dinámico, en la ciudad, en un espacio temporal determinado pero infinito. Si regresáramos a la Santafé de Bogotá de los siglos XVI-XVIII observaríamos semejanzas sociales con las ciudades del ahora: jerarquías sociales según el trabajo desempeñado, el color de la piel, la deficiencia física o la conducta social. Lo antiguo y lo nuevo se entremezcla y permite hipotetizar sobre qué es el ser humano, qué significa su comportamiento y cómo la Ciudad del siglo XXI es, simplemente, un espejo del ser humano actual: mixtura (de culturas e ideologías), consumismo (grandes centros comerciales prevalecen sobre la preservación de patrimonio histórico), intercambio (ciudades tecnológicas), olvido (guerras que fulminan poblaciones), renacimiento (movimientos locales para traer huertos a las ciudades), especificidad urbana. Si en la Bogotá del siglo XIX la preocupación social versaba en torno a la viruela o la tifo (Salcedo Fidalgo y Zeiderman, 2008) en la China del siglo XXI las enfermedades más mortales son propiamente urbanas, las llamadas “enfermedades occidentales”, ligadas a la contaminación y alimentación, entre otras causas.

  • Hacer Etnografía. Observación participante, socialización con sujetos de estudio, aprendizaje y traducción de sistemas culturales nativos son algunas de las herramientas de que se vale la Etnografía. George Foster (1974) encontraba la respuesta a la aplicabilidad de la Antropología en el estudio de sociedades contemporáneas: “precisamente la naturaleza exploratoria, flexible y adaptable de la Etnografía” (en Sánchez Molina, 2009).

La Antropología se dilata en múltiples áreas de conocimiento humano: Antropología política, económica, de desarrollo, religiosa, de la educación, urbana. Cada una se centra en un aspecto de producción humana específico, pero como su enfoque es holístico y comparativo y el ser humano es de una complejidad dinámica elevada, se entremezclan irremediablemente. Además, la Antropología exige un tinte profundo de humanismo en su labor, evitando acercamientos maquinales a los sujetos de estudio. Es decir, ni muy cerca ni muy lejos del sujeto, y sin ser el sujeto una simple estadística. Estas cualidades son las que dan como resultado los roles que la Antropología puede ocupar en el estudio de Ciudades: trabajo de campo –para recogida de información-, consultoría –proyectos de desarrollo en coordinación con la población local-, trabajo comunitario –Investigación-Acción-, entre otros muchos.

Hacer Etnografía es dibujar otras culturas, pero también las propias, como señalaba Foster (1974). Cada una de las patas que configuran la etnografía (observación participante, socialización con los sujetos, aprendizajes…) son prácticas de investigación aplicables al estudio de ciudades. Y así, la Antropología Urbana es posible: ya sea una Antropología de la Ciudad o en la Ciudad, dependiendo del enfoque que se adopte. La primera consideraría los condicionantes urbanos que influyen en la cultura humana, pero entendiendo siempre la Ciudad no como una construcción a priori, sino hecha socialmente. Sin embargo, la segunda, la Antropología en la ciudad transportaría los viejos campos de estudio de la Antropología –parentesco, etnicidad o religiosidad al entorno urbano- al entorno urbano, pero sin pensar las ciudades como constructos humanos que afectan a los seres humanos y a la inversa. Esta última perspectiva no está libre de profundas críticas, así, Signorelli, antropóloga urbana, remarcaba: “la antropología en la ciudad no llegará nunca muy lejos, no sólo en las generalizaciones, sino ni siquiera en afrontar nuevos terrenos de investigación” (en Guerreros Burgoa, 2005).

Conclusiones

Desde las aldeas, los antropólogos pasamos también a estudiar las Ciudades. Migraciones a centros urbanos, pobreza, división del trabajo, delincuencia, alta densidad son sólo algunos de los temas que la Antropología Urbana ha abordado. Geertz, como indicábamos al inicio del artículo, escribía que los antropólogos no estudian aldeas, sino en aldeas. Esta máxima contiene varios de los principios que definen la Antropología, y no sólo la Urbana: la necesidad de observar de modo partícipe, de estar dentro –en la aldea- de la propia cultura que estudia, ya sea por períodos más cortos o más largos de estancia, se estudian ciertos aspectos de estas “aldeas” –las culturas son demasiado complejas para estudiarlas en su totalidad-. Por último, la aproximación antropológica “deja hablar a la ciudad” (Guerreros Burgoa, 2005): a través de las palabras de sus moradores, desde un enfoque que se adapta a la construcción constante de la Ciudad, con una carga humanística que debe ver al sujeto de estudio como parte activa del proceso urbano. Sin lugar a dudas, la Antropología Urbana no sólo es posible, sino imprescindible si queremos optimizar, de un modo sustentable, nuestras ciudades.

Bibliografía

Bohannan y Glazer (2007). Lecturas Antropología. McGrawHill.

Guerreros Burgoa (2005). Antropología Urbana. Un recorrido histórico y teórico. Textos Antropológicos. Volumen 15, Número 1, pp. 137-144.

Heberer, Kurth & Roesing (1967). Antropologia. Enciclopédia Meridiano Fischer.

Oliveira Martins (1924). Elementos de Anthropologia (Historia natural do homem). Parceria Antonio Maria Pereira. Livraria Editoria.

Sánchez Molina (2009). La Etnografía y sus aplicaciones. Lecturas desde la Antropología social y cultural. Editorial universitaria Ramón Areces

Salcedo Fidalgo y Zeiderman (2008). Antropología y ciudad: hacia un análisis crítico e histórico. Antípoda: revista de antropología y arqueología, 7, pp. 63-97.

María José Vizcaíno

Trabajadora Social y Antropóloga Socio-cultural. Máster en Estudios Latinoamericanos y Docente en Formación Profesional para el Empleo. Interesada en temas de Ciudades, Antropología de la Comida, Educación y Género.

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Mario Pérez
Lector
Mario Pérez
1 año 6 meses desde que se comentó esto

Gracias por compartirnos tus investigaciones sobre Antropología, particularmente, la antropología enfocada a lo urbano, que conlleva inevitablemente lo arquitectónico, y la ciudad.
El tema es una veta de preguntas. Tratando de explicar el fenómeno arquitectónico llegamos a la antropología, social y urbana. Nos es, en este momento, imprescindible, recurrir a la interdisciplinaridad. Los contenidos de tu texto, me serán muy útiles para entender los fenómenos sociales a los cuales, como arquitectos debemos enfrentar.

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