Una ciudad, dos capitales: evolución urbana de Kinshasa-Brazzaville

Una ciudad, dos capitales: evolución urbana de Kinshasa-Brazzaville

Una de las mayores urbes de África se encuentra entre los dos Congos, la República del Congo (colonizada en el pasado por Francia) y la República Democrática del Congo (bajo dominio belga y que se conoció hasta 1997 como Zaire) Esta ciudad, conocida como Kinshasa-Brazzaville, aparte de ser una de las más grandes, es además la única red urbana formada por dos capitales en todo el mundo.

Hay varios ejemplos que podrían tener cierto parecido: la Guerra Fría partió Berlín por la mitad, creando dos ciudades incomunicadas. Pero a diferencia de cómo ocurrió con la mega-urbe africana, Berlín fue dividida, no fueron dos ciudades fundadas que crecieron hasta fundirse en un mismo espacio urbano. Además, Berlín Este fue capital de la RDA, y Berlín Oeste perdió su estatus de capital a favor de Bonn en la RFA. Otros ejemplos podrían ser Buenos Aires-Montevideo y Helsinki-Tallin, sin embargo la distancia entre ellas es tal que no podemos hablar de una retícula urbana común, aunque las conexiones existan. Por lo tanto no encontramos en el mundo otro ejemplo como este.

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En un principio ambas ciudades tuvieron una historia y un desarrollo paralelo, lo cierto es que tras la ola de descolonización que siguió el fin de la II Guerra Mundial, las capitales, aunque muy próximas, fueron separando sus caminos. Actualmente existe una amplia red de contacto entre ellas que ha llegado a crear cierta relación de dependencia: Kinshasa y Brazzaville están unidas y cada vez se entiende menos la realidad de una sin la otra.

Fundación y colonialismo

A finales del S. XIX las potencias europeas comenzaron a repartirse el mundo y África fue uno de los continentes que más sufrió este reparto. La región del Congo fue dividida por dos potencias: Francia en la orilla norte del río Congo y Bélgica en la orilla sur. Aunque estos estados desarrollaron unas estrategias coloniales diferentes, lo cierto es que tomaron políticas urbanas muy similares.

En la década de 1880 el África Negra se había poblado de exploradores. En este contexto se fundaron las ciudades de Brazzaville, por el explorador Pierre Savorgnan de Brazza, del que tomó su nombre, en 1880 y Léopoldville (futura Kinshasa) fundada por el aventurero Henry Morton Stanley en 1881 y que la bautizó en honor al rey Leopoldo II de Bélgica.

Aunque, pensándolo bien, habría que hacer un paréntesis para mencionar que antes de la llegada de los europeos los territorios que belgas y franceses ocuparon para fundar supuestamente ex novo estas ciudades ya habían sido ocupadas por diversos pueblos autóctonos durante siglos, como es el caso de los Bateke.

Brazzaville y Léopoldville fueron fundadas con el mismo objetivo: servir como centros que enlazaran con las redes comerciales de la costa atlántica y así fueron diseñadas. Aunque los enclaves de mayor importancia para ambos imperios fueron los costeros como Pointe-Noire en el Congo francés y Boma en el caso belga, las futuras capitales siguieron creciendo en población e importancia, eso sí, de forma sostenida. La fundación de estas ciudades trajo consigo una reconstrucción del espacio urbano africano que respondía a las necesidades competitivas traídas por los europeos.

En los primeros años estas dos ciudades mostraron una evolución urbana muy similar, basada en la organización polinuclear, en las partes superiores, alejadas del río, se asentaron los nuevos dueños del Congo, mientras que el resto de la población era apartada y vivía en las zonas más deprimidas. En los primeros años las construcciones europeas se basaron en la utilización de materiales autóctonos y no fue hasta los primeros años del S. XX cuando aparecieron los palacios y edificios gubernamentales edificados a la tradición europea. Es precisamente en este momento cuando se construye el centro de la ciudad con una distribución lineal, con calles paralelas y “ordenada” desde el punto de vista occidental. Además estas zonas contaron con un sistema embrionario de agua corriente así como luz pública. Elementos que nunca salieron de los distritos diseñados para los blancos.

Estas medidas respondieron a ambos lados del río Congo a una política segregacionista y racista, que distribuyó a las poblaciones autóctonas apartadas del nuevo centro de la ciudad. Tanto es así que se crearon a partir de 1930 tanto en Leópoldville como en Brazzaville zonas “neutrales” entre las zonas coloniales y las de los ciudadanos negros. Estos “cordones sanitarios” fueron una respuesta al creciente aumento de inmigrantes que empezaron a llegar de diferentes zonas de las colonias.

MÁS INFORMACIÓN: Colonialism in the Congo: Conquest, Conflict and Commerce

Por otro lado, el salto cualitativo de las ciudades coloniales llegó con el desarrollo ferroviario: En 1898 los belgas finalizaban la línea Matabi-Léopoldville, lo que permitía un aumento de las transacciones comerciales y el contacto directo con la costa. Esto repercutió en un rápido crecimiento de la futura Kinshasa que en 1926 arrebataba el título de capital a Boma. En cuanto a Brazzaville el tren no llegó hasta 1934 con la construcción de la línea Pointe-Noire-Brazzaville. Esta evolución impulsó un nuevo desarrollo urbano que se basó en asfaltar las calles de los distritos europeos a fin de que sus coches pudieran circular y el embellecimiento de la ciudad con grandes plazas y jardines.

kinsasha-1967-abe-revues-org378Vista aérea de Kinsasha en 1967. Fuente: https://abe.revues.org/378

De este modo Brazzaville y Léopoldville iban camino de convertirse en dos centros urbanos de importancia ya no sólo económica, sino también política y cultural del África Central. Tanto es así que durante la II Guerra Mundial las dos ciudades congoleñas se convirtieron en bastiones de la libertad tanto de la Francia Libre como de la resistencia de Bélgica.

Independencia y crecimiento

Los dos Congos se independizaron oficialmente en 1960 durante la ola de descolonización que recorrió el continente durante la segunda mitad del S. XX. La independencia supuso un avance y un desarrollo tanto para los países como para sus capitales, convertidas en el mayor exponente del “desarrollo africano”. Los principales líderes estrenaron sus mandatos con un torrente de inversión en infraestructura, educación y sanidad que repercutió en los principales centros urbanos como fueron Brazzaville y Léopoldville que para 1960 contaba con 100.000 y 400.000 habitantes respectivamente.

Léopoldville se convirtió en destino de numerosos congoleños que soñaban con mejorar su situación y su futuro laboral en el medio rural o en ciudades más pequeñas. Las oportunidades que prometía , los medios con los que contaba, las empresas que aún se asentaban en la ciudad, su enorme capital cultural que se apoyó en la Universidad y en la enorme producción tanto académica, como popular, hicieron de Léopoldville el primer destino de la República Democrática del Congo (RDC). Pronto los proyectos de ampliación de la capital se quedaron pequeños y las autoridades de la ciudad quedaron desbordadas.

Algo parecido ocurrió en Brazzaville, aunque en dimensiones mucho menores. Brazzaville también comenzó a crecer durante el proceso de descolonización, sobre todo cuando las nuevas autoridades decidieron convertir esta ciudad en la capital oficial, en detrimento de Pointe-Noire, que se mantuvo como capital económica. De este modo las dos orillas del río Congo se fueron acercando, fortaleciendo los lazos que las unen. No obstante el crecimiento de Brazzaville fue mucho menor que el caso de Kinshasa, ya que la población de la República del Congo era también mucho más reducida que la de la RDC.

MÁS INFORMACIÓN: Brazzaville

El derrocamiento de la recién estrenada democracia en los dos estados, no supuso mucho cambio en el desarrollo urbano: ambas ciudades continuaron creciendo imparables bajo el gobierno del dictador Mobutu Sese Seko (que rebautizó la ciudad con el nombre de Kinshasa) y Massamba-Délba. Sin embargo este crecimiento siguió produciéndose de forma incontrolada, sin ningún tipo de urbanización, y fortaleciéndose la desigualdad de la población. No obstante, hubo una serie de intentos de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos tanto de Brazzaville como de Leópoldville: los nuevos regímenes elaboraron toda una serie de master plan y estudios urbanos muchos de los cuales no pudieron llevarse a cabo. Esto se debió a que el mundo urbano congoleño caerá en una crisis de grandes dimensiones a partir de la segunda mitad de la década de 1970, cuando se inician los Programas de Ajuste Estructural (PAE) del Fondo Montario Internacional y el Banco Mundial, que obligaba a hacer toda una serie de recortes e incapacitaba a los gobiernos de los dos Congos a acceder al crédito necesario para el país.

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De esta forma los transportes y sus infraestructuras fueron progresivamente abandonados, así como cualquier política de urbanización como facilitar el acceso a agua potable o electricidad a la mayoría de la población y las políticas sanitarias y educativas a nivel local fueron casi desterradas. Algo bastante grave si pensamos que Brazzaville contaba en 1980 con unos 300.000 habitantes y Kinshasa con 2,7 millones de personas, cifras que no han dejado de crecer. Este abandono fue mucho más visible en el recién estrenado Zaire (actual RDC) donde se instauró una cleptocracia que no permitía ningún tipo de desarrollo.

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El ocaso de 1990

Si desde finales de la década de 1970 el núcleo urbano que conformaba Kinshasa-Brazzaville a ambos lados del río se iba sumiendo poco a poco en la decadencia, la década de 1990 supuso un golpe casi definitivo al desarrollo de las dos capitales.

La guerra civil de la República del Congo (1997-1999) se ensañó especialmente con los centros urbanos y sobre todo con Brazzaville, que se convirtió en el centro de operaciones de los dos bandos en pugna por el poder y que quedó en parte arrasada. No obstante y, aunque la RDC post-Mobutu sufrió dos guerras muy cruentas (1997-1999 / 1999-2003), dado que los principales conflictos tuvieron lugar en el este del país, Kinshasa, no se vio afectada directamente. Sin embargo las políticas urbanas quedaron apartadas indefinidamente debido a la situación que se vivía a ambos lados del río.

Los años finales de la década de 1990 culminaron con el fracaso de intentar reconstruir dos capitales estables, más justas e igualitarias, capaces de controlar un desarrollo urbano que se había desbordado. Los flujos migratorios descontrolados que continuaron en esta década, en no hicieron sino incrementar los problemas municipales, incapaces de aportar a sus ciudadanos (o a la mayoría) unas condiciones dignas.

Una ciudad, dos capitales, dos realidades

Actualmente Kinshasa cuenta con al menos 10 millones de habitantes y Brazzaville con 1,5 millones lo que las convierte en el tercer área metropolitana más grande de África por detrás de Lagos (17 millones) y El Cairo (15 millones) en 2016.

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Este reticulado urbano, formado por dos capitales de dos estados diferentes, mantiene toda una serie de conexiones que la convierten en un único ente urbano. No sólo el comercio une a las dos capitales: los lazos personales y étnicos, la lengua, pero también un vínculo cultural cada vez más estrecho, han convertido a Kinshasa-Brazzaville en una ciudad, aunque con una serie de límites.

Por un lado la separación por una frontera dificulta bastante las relaciones, ya que los dos Congos son bastante recelosos en cuanto al control de sus fronteras y a la soberanía nacional, a lo que habría que sumar que la única forma de alcanzar la otra orilla es en barco a través del río. Eso explica las dificultades que en muchas ocasiones impide el acceso a un lado o al otro. Además el coste para cruzar la frontera de forma legal asciende a unos 40 dólares, una cantidad difícil de asumir para la mayoría de los congoleños.

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Por otro lado, la necesidad de desatascar los rígidos controles y facilitar los movimientos entre las capitales, podría atraer un desarrollo económico muy beneficioso no sólo para el conjunto Kinshasa-Brazzaville, sino para los dos estados. Pero la realidad es que mientras que los gobiernos no son capaces de llegar a ningún acuerdo para facilitar estos movimientos, los ciudadanos cruzan el río cada día en pequeñas barcas, un hecho difícil de controlar por las autoridades.

Por último, en esta enorme ciudad, compuesta por dos capitales, conviven dos realidades muy desiguales: la población rica, que vive en los nuevos barrios residenciales, que cuentan con todas las comodidades; y la enorme población empobrecida, que vive más allá del centro de la ciudad, pero al otro lado de las vías del tren, en viviendas que carecen de agua corriente y cualquier acceso urbano. Estas son las dos realidades que existen en Kinshasa-Brazzaville y que se superpone a la estructura política.

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Así, la mayor parte de la población vive marginada de los grandes booms urbanísticos que Kinshasa-Brazzaville está impulsando en los últimos años y que se dirigen a cubrir las necesidades (si así se pueden llamar) de una clase alta. Tal es el ejemplo de la Cité du Fleuve de Kinshasa, un proyecto dirigido a las élites para las que se construyen viviendas de lujo, con todo tipo de ocio y al que no puede acceder el resto de los ciudadanos. Se está siguiendo en Kinshasa, como en la mayor parte de las ciudades africanas, el modelo de “ciudad cerrada” exportado desde las ciudades del Golfo Pérsico.

cite-de-fleuve-httpwww-bbc-comnewsworld-africa-14595625Proyecto de la Cité du Fleuve

Estas dos realidades que forman parte de la vida del conglomerado urbano es el resultado de una evolución urbana que desde la llegada de los colonos se basó en la segregación y en la desigualdad. La única diferencia en la actualidad es que ya no es el color de la piel, sino el volumen del bolsillo, el que decide en qué realidad vive cada uno.

Pablo Arconada

Licenciado en Historia (UVa) y Máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos (UAM) Actualmente cursando el Grado de Antropología Social y Cultural (UNED) y colaborando en Wiriko Magazine. Enganchado a todo lo que tenga que ver con África.

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